lunes, 6 de febrero de 2012

Se hace más.

Por aquí se exprimirá mi cerebro, sus pasillos se inundarán, absorberán todo cual paño de montaña, donde un espíritu descalzo patina en el tenedor, con el que come la golondrina de sulfuro.

Se hace agua más la boca del que no come que del que silva.
Se hace más boca el que no come que el que silva con agua.
Se hace más plato el que se lanza de clavado que el que aterriza en las cejas de un anciano.
Se hace más cerrojo el que nunca tuvo la llave que el que abre con la lengua del zapato.
Se hace más invierno el que se derrite en unas piernas que el que se congela por unas tetas.
Se hace más pestaña el que viaja por el impulso de un viento sin papel que el que mira.
Se hace más niña el que saca pecho endurecido y dientes postizos que el que sufre por amor.
Se hace más lágrima el que toma su navío y se desliza por la corriente que el que llora por dentro para verse fuerte.
Se hace más corchea el que toma su trampolín y brinca por el pentagrama que el que toca con el alma cerrada.
Se hace más vino el que bebe con la conciencia impresa que el que da de tomar para abrir piernas.
Se hace más cosmos el que con los dedos vuela que el que con la brisa navega.
Se hace más rodilla el que con el libro tropieza que el que se agacha para recibir monedas.
Se hace más silencio el que grita con los ojos que el que calla a la fuerza.
Se hace más despedida quien se despide para volver que el que se va por cobardía.


   Se hace más poeta el que frasea con la risa del arpa que el que tararea con la brisa de unas alas sin péndola.